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La «comida basura» es tan adictiva como la cocaína o el tabaco
Los alimentos hipercalóricos desencadenan un deseo de comer de forma compulsiva.
Rezuman colesterol del «malo», grasas «trans» y azúcares.
Conocemos el daño de la comida más insana, de la bollería industrial,
del bacon, salchichas o hamburguesas rebosantes de queso. Y aún así
seguimos consumiéndola, a veces de forma compulsiva. Científicos del
Instituto de Investigación Scripps (EE.UU.) aseguran en la revista
«Nature Neuroscience» que detrás de ese gusto por los alimentos
hipercalóricos hay un placer adictivo.Este tipo de comida desencadena en el cerebro respuestas
similares a la adicción que causan drogas, como el tabaco o la cocaína.
Para demostrarlo, los científicos realizaron un experimento con ratas a
las que convirtieron en comedoras compulsivas de «comida basura».Los investigadores alimentaron a los animales de
laboratorio con el tipo de comida que favorece la obesidad en los
humanos, comida rica en grasa y calorías como las salchichas, el bacon o
las tartas. Poco después de que el experimento arrancara, los animales
empezaron a engordar drásticamente. Tomaron el doble de calorías que
otro grupo de ratas que actuaba como control. Al devolver a las ratas
obesas a su dieta habitual -la opción ensalada, como llamaron los
científicos- lo rechazaron. Preferían no comer y durante dos semanas casi dejaron de hacerlo por no tener su comida preferida.Para demostrar que las ratas se habían convertido en
auténticas adictas a la comida, los científicos utilizaron descargas
eléctricas. Un adicto real, sea rata o humano, consumiría también de
forma compulsiva su droga incluso sabiendo que es dañino. De manera, que
entrenaron a las ratas con estímulos de luz y descargas eléctricas en
las patas. La luz significaba que la rata podía recibir una descarga.
Cuando se encendía, las ratas delgadas dejaban de comer la comida basura
más deliciosa; las obesas, acostumbradas a la dieta hipercalórica,
continuaban comiendo.Cuanto más comían, menos eficaz era la respuesta de
placer que se desencadenaba en el cerebro, de manera que debían tomar
cada vez más cantidad para encontrar satisfacción.
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